12 jun 2009

Les eleiciones europees.


La selmana pasada foron les eleiciones a la sétima llexislatura del Parlamentu de la Unión Europea. 375 millones de persones taben citaes ente el xueves y el domingu nos colexos de los 27 estaos miembros de la Unión. Malpenes llegó a votar el 43’24% dellos, tres puntos más n’España.

La cita yera clave. Dempués de cinco años onde el Partíu Popular Européu gozara d’una mayoría cómoda p’aprobar lleis de cálter conservador, y hasta retrógadu, los europeos teníen la oportunidá de decidir el so futuru más próximu, el de los cinco años siguientes, y la forma d’acabar cola crisis económica patente nel continente. Lo de menos ye’l resultáu: volvieron a ganar los conservadores y con una mayoría entá mayor y los partíos d’extrema drecha subieron comu l’espuma en bona parte de los países de Centroeuropa, los de la vieya guardia. Lo más destacable ye la desgana de los ciudadanos ante la convocatoria.

Tamién ye normal.

Los partíos políticos mayoritarios de tolos países prefirieron afrontar les eleiciones dende una perspeutiva nacional, discutiendo sobre temes más propios d’unes eleiciones estatales. Asina, la cayida en desgracia del Primer Ministru británicu Gordon Brown ente les files del so propiu partíu llaborista protagonizó la campaña n’el país euro-escéuticu por excelencia. N’Italia taben más preocupaos polos escarceos erótico-festivos de Silvio Berlusconi y el tratu ente’l Milan y el Real Madrid por Kaká. Y equí, les acusaciones populares d’inactividá ya incapacidá de reacción del Gobiernu yeren respondíes con ataques frontales a los cargos del PP investigaos pola xusticia por corrupción. Con estos exemplos, la xente diba votar más pa ver si Brown acaba d’escalabrase, si Berlusconi siguía siendo l’autoproclamáu nuevu Supermán o si Rajoy consiguía al fin ganar a Zapatero –anque dengún de los dos nun se presentaba a puestu algún-.

Los asturianos acudieron na media’l restu d’España. Y votaron un pizcañín más al PSOE qu’al PP, que se repartieron el 85% de los votos. Más de lo mesmo. Ensin embargu, cola circunscripción única a too’l Estáu, y cola minúscula importancia política que tien l’autonomía dientro’l contextu español, les eleiciones foron recibides polos asturianos –salvo los sectarios de los partíos- cola mayor desgana que yo nun viera nunca. Y esto ye lo qu’a mí me da revoltura: nun país cola población activa menor d’España y una de les mayores tases de paru, colos habitantes más vieyos d’Europa que viven de xubilaciones y prexubilaciones, cola renta per cápita y los precios más altos ,anque cola productividá por habitante más baxa… ye dicir, nun país onde se vive de prestao, gracies a les axudes procedentes d’Europa, la xente nun se dio cuenta de l’importancia d’esta convocatoria.

D’Europa vienen les axudes a los planes estructurales del Principáu, non de Madrid. N’Europa se deciden qué industries se subvencionen y cuáles non, non en Madrid. Los tipos d’interés del dineru y de les hipoteques fixénse n’Europa, non en Madrid. Y el 70% de les lleis que s’aprueben p’Asturies, vienen de forma direuta d’Estrasburgo, ensin pasar pola casiella de salida. Y si Madrid pinta poco, muncho menos Uviéu.

Dende qu’España apoyó el Tratáu de Mastricht, incorporóse de pleno a Europa, ensin capacidá dalguna d’intervención na so propia economía. Dende entós, Asturies depende única y exclusivamente de Bruselas, de lo que los diputaos de los 27 países miembros decidan.

Asina, si un eurodiputáu checu veta les axudes a la industria lláctea asturiana, yá se puede poner fuñu Zapatero –que nun lo hará-, a glayar Rajoy –que nun sabe-, a despotricar Tini –que-y da igual- o a escupitiar Villa –que tien puntería pa eso-, que tendrá más pesu el checu, porque más pesu tien la cámara onde trabaya. Y al ganaderu tocará-y desmontar el chiringuitu de les vaques llecheres, vendeles a metá de coste y, comu muncho, mercar unes xates culones pa siguir col so oficiu.

Esto nun ye un supuestu. Yá pasare. Veremos a quién se protesta cuandu empiecen a sobrar les prexubilaciones.

Cada vez veo que los asturianos nun-mos importa ná’l nuestru futuru. Que solo tamos interesaos en tener l’estómadu enllenu y enxaretámos-y al primer rapaz melgueru les nuestres reponsabilidaes, anque esti seya un aprovecháu.

Por cierto, dos eurodiputaos son asturianos, anque ún vive en Madrid. ¡Qué más da que Malta tenga más representantes que nos!

De xuru que, si les coses se ponen índa peor, se fadrá una marcha pa ver al Rei.

11 jun 2009

Operación Algeciras.

Aunque no haya ni americanos ni rusos de por medio, este es un relato de espionaje. Y completamente real.

Lugar de los sucesos: Costa del Sol, España.

Fecha: primavera del año 1984.

Contexto 1: guerra de las Malvinas, entre Argentina y el Reino Unido.

Contexto 2: entrada de España en la OTAN, sin referéndum previo.

Contexto 3: Leopoldo Calvo Sotelo, presidente del Gobierno y de la UCD pasa un período crítico por la abrumadora derrota electoral en las elecciones al Parlamento andaluz.

Contexto 4: una ola de atracos asola la geografía española y la opinión pública cuestiona los nuevos protocolos utilizados por la Policía Nacional.

La historia es la siguiente:

Un comando de buceadores argentinos se prepara en Estepona y Algeciras para colocar unas cargas de profundidad, recibidas en valijas diplomáticas desde Buenos Aires, vía embajada argentina en Madrid, en los barcos militares que paran a repostar en el puerto de Gibraltar. Identidades falsificadas para entrar en España, casinos y muchos dólares en juego.

Sin embargo, el nuevo comisario de Estepona organiza un despliegue policial ya que levantan sospechas por sus actividades poco habituales: viven en hoteles de lujo, pero apenas apuestan en los casinos. Todos los días salen en una lancha neumática a pescar y regalan sus presas a los transeúntes. Alquilan tres coches para cuatro, cambian de hotel cada poco tiempo y, en una época en la que las tarjetas de crédito estaban de moda y, más aún, en la zona llena de jeques, pagan con dólares al contado. Se piensa que es un grupo de atracadores.

Tras varias semanas observando el puerto militar de la colonia británica y tras haber entrado y salido de él varias veces sin ningún tipo de problema –para su sorpresa, los puestos de observación estaban abandonados-, los argentinos se deciden a actuar. Dos miembros del grupo se quedan en la cama mientras los otros dos se dirigen a la agencia de alquiler de coches para renovar el contrato de los mismos y, de esta forma, poder salir del país sin levantar sospechas. Es en ese momento cuando son detenidos por agentes de la policía nacional. No oponen resistencia y se identifican como miembros del servicio de inteligencia argentino en misión de guerra. “Y yo soy el sobrino de Juan Pablo II”, es la respuesta del agente.

Lo que hasta entonces podría haber sido el argumento de una película de James Bond, se convierte en el perfecto guión de un cómic de Mortadelo y Filemón. Al tiempo:

Cuando los otros dos son detenidos, a la una de la tarde, aún se encontraban descansando en sus habitaciones. Ante la entrada de los agentes, uno de ellos pregunta: “¿Perdimos?”. El agente, asiente. “Ustedes, ¿almorzaron? –continua.- Porque nosotros no y, como ya perdimos”. En esto nos parecemos argentinos y españoles: no dejamos perder una buena comida. A cuenta de los dólares diplomáticos, se monta una estupenda comida en el comedor del hotel.

En el camino hacia la comisaría de Estepona, la caravana de coches patrulla y vehículos decomisados se desvía misteriosamente: llegados a un punto, se baja un policía acompañando a uno de los soldados argentinos. Entran en un local: se trata de una tintorería, de donde sale el soldado con unos impecables pantalones que había dejado días antes.

Una vez en la comisaría, uno de los comandos previene a los agentes a cerca de la manipulación de las cargas explosivas que había en el maletero de uno de los coches que, si bien estaban desactivadas, su naturaleza siempre es peligrosa. La solución: que las transportara él mismo. Daba igual que fuera el único que los supiera activar.

Durante el interrogatorio y tras verificar sus identidades, se recibe una llamada del Ministerio del Interior. Se les devuelven sus pasaportes falsos, se los introduce en un coche patrulla y se los lleva al aeropuerto de Málaga, donde les espera el avión particular de Leopoldo Calvo Sotelo, que se hallaba en la capital provincial intentando solucionar los problemas internos de su partido en Andalucía. Deja en tierra a ocho miembros de la comitiva y al avión se suben los cuatro argentinos junto a cuatro policías, camino de Madrid. Una vez allí, vía Canarias, son enviados a la Argentina, bajo la promesa de que no volvieran a España.

En el camino al aeropuerto, a través de la radio se recibe la orden de que se les haga una foto, puesto que este trámite había sido pasado por alto en la comisaría. El agente, dado que iban con el tiempo justo, hizo una foto de grupo de los argentinos junto a los agentes.

Y muchas y muchas anécdotas más, que se recogen en un largometraje documental de 2004 titulado precisamente “Operación Algeciras” donde su director, Jesús Mora, narra de forma excepcional la aventura que, de haber salido bien, podría haber cambiado el rumbo de la Historia. Sin embargo, no salió a la luz pública hasta años más tarde, gracias a la rapidez de acción del Gobierno español y al mutismo del Reino Unido y de Argentina, manteniéndose fuera de los cauces legales y de la Justicia.

La manipulación y la ocultación de los datos hizo invisible una acción militar, digna de ser recreada en una película –me reservo el género-, perteneciente a una guerra cruel que nunca debió de producirse.


Página web del documental.

10 jun 2009

¿Qué fue de Baby Jane?


Esta semana pasada tuve problemas con mi procesador de textos. Escrupuloso como soy para las formas, preferí no publicar nada antes que hacerlo a disgusto. (Cierto es que lo intenté, pero acabé desesperado por los cambios incontrolables del tamaño y el tipo de fuente que este blog me hace sufrir) Recuperado el procesador, me dispongo a seguir con algunos temas que se quedaron en el tintero aunque ya no sean de plena actualidad. Lo que no voy a hacer es quedarme yo con las ganas. Faltaría más.

Este es el título de una de las obras cumbres de la interpretación rodadas por los estudios clásicos de Hollywood. Un duelo entre dos carismáticas y excelentes actrices, la inconmesurable Bette Davis y, su enemiga irreconciliable, la elegante Joan Crawford, dirigido por Robert Aldrich en 1962, pleno declive de la edad dorada del cine norteamericano.

Recurro a la Wikipedia para sintetizar su argumento (simplemente porque es una síntesis perfecta del mismo y yo no conseguí aportar nada):

“Baby Jane es una niña guapa pero caprichosa que triunfa en el mundo de la canción infantil, hasta el punto de que llegan a fabricarse muñecas con su imagen. Su hermana Blanche, siempre a su sombra, es una muchacha buena y tímida que no goza de las simpatías de su padre. Pasado un tiempo las cosas cambian: la retraída Blanche (Joan Crawford) termina convirtiéndose en una gran estrella del cine, mientras que a la antigua niña prodigio Jane (Bette Davis), despreciada por productores y directores por su falta de talento, no le queda otra que sobrevivir gracias a su hermana. Una noche, un intento de atropello que deja a Blanche en una silla de ruedas y al cuidado de Jane (quien no siente más que odio por su hermana), las recluye para siempre en su sombría mansión...”

Es la historia de una muñeca rota incapaz de asumir el paso de su momento de gloria. La historia tantas veces repetida en la vida real de personas con mayor o menor talento que se ven superadas por las circunstancias de un ascenso inmediato al reconocimiento inesperado y el descenso a su antigua condición de persona normal, de a pie, mal llevado siempre ante el recuerdo de la perspectiva: cuando las cosas se ven desde arriba, parecen más pequeñas; entender por qué han de volver a verse igual que antes suele llevar toda una vida.

El último caso del mal de altura se produjo la semana pasada en el programa británico Britain’s Got Talent en la persona de Susan Boyle.

Puede ser raro encontrar a una persona que aún no sepa quién es, puesto que saltó a la fama de forma inmediata tras interpretar el tema “I dreamed a dream” en el primer programa del concurso de talentos. Las risas ante su poco agraciado aspecto físico, que a todos los espectadores, e incluso a los miembros del jurado, predispuso a encontrarse con un freak más de los que se presentan a este tipo de programas, se volvieron ovaciones de gente en pie aplaudiendo a rabiar y bocas abiertas de admiración ante la maravillosa melodía que salía de la voz de aquella mujer.

Durante todos los episodios del concurso se repitió la misma estampa de victoria. La canción de Susan Boyle dio la vuelta al mundo en una de las entradas de YouTube más visitadas de la historia de esta página web. Y comenzaron los rumores sobre su vida íntima y ante su confesión de que, a los 47 años, aún se mantenía virgen, una productora de películas pornográficas le hizo una oferta multimillonaria. Otras ofertas, como la de ir a cantar a la Casa Blanca, fue rechazada en principio –debido a las normas del programa-, pero fue aceptada para un momento posterior –según creo, para el 4 de julio-.

Sin embargo, y ante todo pronóstico, el mundo de Susan Boyle se desmoronó en tiempo récord: lo que los presentadores del programa tardaron en dar a conocer el nombre del vencedor del programa: un grupo de bailarines de diferentes edades denominado Diversity. La cantante comenzó a felicitar en tono sarcástico a sus contrincantes y a hacer aspavientos con las manos y las piernas; finalizó el día internada en un centro psiquiátrico tras ser denunciada por el director del hotel en el que se alojaba.

Días después fue dada de alta y su hermano dio a entender que se encontraba mejor. Pero es el día de hoy que aún no ha atendido a ningún medio de prensa.

Sinceramente, espero que esté bien. Me habría gustado que hubiera triunfado como el año pasado lo hizo el tenor Paul Potts, cuya historia es de similares características de las de esta mujer. Pero me temo que la realidad será bien distinta: cual muñeca rota, intentará reencontrarse con el éxito fugaz del que disfrutó, y será animada en el empeño por la multitud de fans que quedaron fascinados con su voz. Es probable que grabe algún disco y consiga algo de dinero yendo y viniendo a los platós de televisión, donde será entrevistada previa insistencia de que no se haga referencia a su pérdida de control temporal. Pero, finalmente, la gente se cansará de ella, de verla repetir una y otra vez, hasta la saciedad, que había soñado un sueño que le permitió, por unos momentos, salir de una vida a sus ojos miserable. Y acabará, como Babe Jane, destrozada sin saber por qué la vida la trató tan mal.

Los alpinistas dicen que el mal de altura hace ver cosas que no existen, que son imposibles, pero que nos atraen al abismo. Y Susan Boyle subió muy rápido, para caer más repentinamente todavía.

Que tenga suerte. Talento no le falta.

2 jun 2009

El grano de mostaza.

Esta semana última de elecciones europeas (de las que hablaré en su momento) y de idas y venidas de cabeza de muñeca rota (véase Susan Boyle y su internamiento psiquiátrico, que otra entrada se merece), ha destacado por el resurgimiento a la esfera pública del noble acto de insultar, entiendo por insulto lo que nos cuenta la R.A.E.:

insulto

m. Ofensa, especialmente con palabras hirientes, injuria:

Varios han sido los ejemplos.

Al celebrar el título de Liga en el Nou Camp, el central barcelonista Piqué, exaltado por el momento catárquico gritó a los cuatro vientos catalanes “Boti, boti, boti… madridista el que no boti”, dando a entender que aquel que no se pusiera a saltar al instante era del equipo rival. Causó gran polémica, abrió noticiarios televisivos y ocupó primeras planas en la prensa deportiva, escandalizada ante tal insulto. Años antes, otro compañero suyo, Samuel Eto’o, celebraba de la siguiente forma un triunfo: “Madrid, cabrón, saluda al campeón”. El revuelo fue similar.

Este domingo, el Real Oviedo consiguió su esperado ascenso a Segunda División B tras unos emocionantes penaltis ante el filial del Mallorca. En la celebración, al día siguiente, el portero oviedista Aulestia se ganó a la hinchada congregada en la plaza del ayuntamiento con cánticos como los siguientes: "Areces y Gijón la misma mierda son", "Mareona, mis cojones" o "Puta Gijón y puta sucursal". Sorprendentemente, tras conseguir ser el mejor equipo de una categoría nacional en la Historia del fútbol español, con récord de puntos, de goles a favor y de goles encajados, el Real Oviedo fue noticia por estas declaraciones.

Para concluir, expongo la condena a pagar 6.840 euros que la Audiencia Nacional le ha impuesto al alcalde de la localidad gaditana de Puerto Real, José Antonio Barroso por injurias a la Corona, tras llamarle al rey “Hijo de crápula” y calificarlo de “corrupto” en un discurso pronunciado en abril de 2008, durante la celebración del 77º aniversario de la proclamación de la II República. El alcalde se defendió aduciendo que en su condición de "republicano y comunista no cabe la injuria". Durante y tras el juicio, fue arropado por toda la cúpula de su partido, Izquierda Unida, que ha visto en esta sentencia una victoria para la causa republicana española.

Una película de los años 60, titualada El grano de mostaza, ilustraba cómo las pequeñas cosas sin importancia adquieren tamaños considerables al dárseles una trascendencia que no tienen. El granito de mostaza, una semilla minúscula, bien abonada y en terreno propicio, ofrece en poco tiempo un árbol de porte y tamaño considerable.

Los insultos venden más que las buenas palabras y, lamentablemente, la relevancia que se le otorga a estos temas consigue multiplicar su trascendencia más allá de la repercusión que habrían de tener las exaltaciones eufóricas de tres necios calentados por la concurrencia propicia a dejarse llevar por las exaltaciones eufóricas y necias de los locutores.

Así, en Madrid se entendió que “madridista” es un insulto, en Gijón que el guardameta oviedista está infundido por un odio a la villa solo propio de un natural de Ondarroa, Vizcaya, y el fiscal de la audiencia nacional, Pedro Rubira, defendió el buen nombre del monarca instando a algo tan absurdo como que la Constitución no ampara el derecho al insulto. Más necios y, si cabe, mayor necedad.

Porque, como habló un ilustre insultante en su obra De los remedios a cualquier fortuna: “En los necios no cabe injuria: doctrina estoica es. Si en ti cabe, más eres necio que injuriado”. Don Francisco de Quevedo. (Quizá mucha gente piense que Estoico era un jugador del Barcelona de los años 90, al que también se le iba la fuerza por la boca)